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Alemania abre nuevo capítulo con unas elecciones decisivas en plena pinza entre Rusia y Trump

Nunca habían pesado tanto la injerencia rusa y la propaganda desde la Casa Blanca

Un cartel electoral de la AfD en Halberstadt (Alemania).
Un cartel electoral de la AfD en Halberstadt (Alemania).AP
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Hasta después de las elecciones que se celebran hoy en Alemania, los institutos demoscópicos no podrán registrar si los intentos de injerencia del Kremlin, por un lado, y del equipo del presidente Donald Trump, por otro, han surtido efecto. En el caso de Alternativa para Alemania (AfD), partido para el que Elon Musk y el vicepresidente de EEUU, J.D. Vance, han pedido el voto, los sondeos muestran un empuje de 1,5 puntos porcentuales, hasta el 21,5%. Pero no se alzará con la victoria.

La consabida propaganda rusa nunca se había manifestado en Alemania con la claridad de esta nueva camada de líderes estadounidenses y tampoco se recuerda tanta afinidad ideológica entre Washington y Moscú, pues el programa electoral del partido que lidera Alice Weidel es el de una nueva derecha, libertaria y prorrusa. Entre sus más fieles votantes, están los cerca de 2,5 millones de alemanes originarios de las antiguas repúblicas soviéticas.

Hubo un tiempo en el que los alemanes de origen ruso eran un valor seguro para la Unión Cristianodemócrata (CDU). La mayoría llegó a Alemania en los años 90. El Gobierno de Helmut Kohl les facilitó la naturalización, reconoció su ascendencia alemana y les ofreció amplias ayudas para la integración. Estos se lo agradecieron en las urnas. Sin embargo, la CDU ha perdido su poder de atracción, sobre todo entre los jóvenes rusos-alemanes.

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"Que muchas personas de habla rusa voten a la AfD es un problema de falta de integración en la sociedad alemana", dice la germano-ucraniana Viktoriia von Rosen, cofundadora del Centro de Coordinación Ucraniano. "Permanecen en su burbuja prorrusa, ven la televisión rusa y leen periódicos rusos". Von Rosen es una de las casi 140.000 personas con derecho a voto de la diáspora postsoviética que tienen alguna relación con Ucrania. Su número podría aumentar considerablemente de aquí a las elecciones federales de 2029. Dependiendo de cómo evolucione la situación en Ucrania, teóricamente cientos de miles de los casi 1,1 millones de refugiados ucranianos que hay actualmente en Alemania podrían quedarse en el país y solicitar la nacionalidad.

Sin perder la vista de la guerra en Ucrania, que este lunes cumple su tercer año, las primeras elecciones que se celebrarán en Alemania desde que comenzó la invasión quedan vistas para sentencia. Han sido semanas de fuerte discusión política, cruces de acusaciones, reproches por las promesas no cumplidas en una legislatura que acabó anticipada y abruptamente en noviembre con la expulsión de los liberales del FDP de la coalición que formaban con socialdemócratas y Verdes. Ha sido una campaña corta, pero con muchos sobresaltos y, entre ellos, una serie de atentados cometidos por refugiados en distintos puntos del país. El último, el viernes, perpetrado por un refugiado sirio, que apuñaló en el cuello a un turista español en el monumento al Holocausto de Berlín.

Endurecimiento de las leyes migratorias

Es por eso por lo que el control de la inmigración y el endurecimiento de las leyes de asilo dominaron la campaña, aunque son muchos más los temas que inquietan. A los electores jóvenes -y este año votarán por vez primera 2,7 millones- les preocupan las tasas laborales y el alto coste de la vida, especialmente en áreas urbanas. La preocupación por el medio ambiente sigue presente, pero ha disminuido en comparación con años anteriores.

Los mayores de 70 años, el 22% del electorado alemán, tienen otras preocupaciones. Y poco se ha hablado de pensiones, asistencia a domicilio o soledad. Son críticos con la inmigración, pero en lo que respecta a la delincuencia y al sistema social, no por sus implicaciones en el mercado laboral, pues ellos ya no trabajan. La guerra en Ucrania, omnipresente también en la campaña, azota emociones, pero no determina el voto de la generación de más de 70 años. De hecho, es la que más apoya la idea de ceder territorios ucranianos a Rusia si es necesario para lograr la paz. No es nada sorprendente: entre los mayores, seguramente hay muchos que ya salieron a la calle con el movimiento del 68.

Para el ex presidente federal Christian Wulff, de la CDU, "el factor decisivo en estas elecciones serán sin embargo los votantes inmigrantes", unos nueve millones. No está claro cuántos de ellos se naturalizaron el pasado año. El Ministerio del Interior publicará las cifras de 2024 en mayo, pero se calcula que superan el medio millón, en su mayoría sirios. Los mayores grupos de votantes migrantes proceden de la antigua Unión Soviética, otros países de la UE, Oriente Próximo, norte de África y Turquía.

Durante mucho tiempo, el SPD fue considerado el hogar político de los trabajadores inmigrantes turcos y sus descendientes por haberles abierto la puerta de la nacionalidad, que ahora tienen 1,2 millones de personas. El ascenso socioeconómico de muchos de ellos modificó su comportamiento electoral. El Partido de la Izquierda y la también izquierdista y prorrusa Sahra Wagenknecht (BSW) obtienen resultados sorprendentemente buenos entre los turcos -hasta el 60% de ellos-. "El BSW se ha hecho un hueco en la competencia partidista con posturas críticas con Israel y favorables a Palestina", afirma el sociólogo Özgür Özvatan. Y, por paradójico que parezca, la islamofobia de AfD también atrae a votantes de origen turco, en particular a aquellos que se muestran críticos con la instrumentalización política del islam en su región de origen.

Encuestas casi fijas

El electorado alemán es muy heterogéneo y, llegado el día D, las encuestas se mantienen prácticamente en los valores de hace meses. La CDU y su ala bávara, la Unión Social Cristiana (CSU), se mueven en la horquilla del 29% y 32%. Le siguen AfD y, más rezagados, el SPD del canciller Olaf Scholz -con el 16%- y el partido de los Verdes (13%), con el ministro de Economía, Robert Habeck, como cabeza de lista. Los postcomunistas de Die Linke (La Izquierda) oscilan en torno al 6%, mientras que los liberales del FDP luchan por su existencia. Ese partido, que dio tantos grandes políticos a este país y entre ellos Hans-Dietrich Genscher, oscila entre el 4,5% y el 5%. En 2021, la formación, liderada por Christian Lindner obtuvo el 11,4% del escrutinio.

Ningún partido podrá pues gobernar en solitario. Los conservadores deberán formar una coalición a dos o a tres bandas con el SPD y los Verdes. Lo decidirá el 25% de los votantes que no saben a qué partido favorecer. Si solo ese porcentaje se quedara en su casa, las elecciones arrojarían una participación del 72%, un dato considerablemente alto. Pero no saber a quién votar no implica absentismo, una actitud en la que entran en juego otros factores como el interés político, el estatus social medido en función de los ingresos netos del hogar y el nivel de estudios. En los barrios donde el estatus social es más precario, la participación electoral suele ser algo menor.

Wahl-O-Mat, la herramienta de la Agencia Federal para la Educación Política, que ayuda a los usuarios a encontrar el partido que más se ajusta a sus ideas, ha batido récords. Ha sido consultada más de 21,5 millones de veces, unas 200.000 más que en 2021.

Según una encuesta del instituto de sondeos de opinión YouGov, el 13% de esos indecisos habrá tomado una decisión ayer y el 7 % incluso lo decidirá hoy. Así, sobre la marcha. Porque, como dijo en una ocasión el ex presidente del Bundestag Norbert Lammert, el único partido con cuyo programa estaría cien por cien de acuerdo sería uno que estuviera formado por un solo miembro, es decir, él mismo.

La falta de entusiasmo, las dudas, tienen mucho que ver con la pérdida de sintonía con las formaciones y con el perfil de los candidatos. "Los vínculos con los partidos han disminuido. Muchos votantes apenas tienen un vínculo con un partido. Y como esto es así, se toman su tiempo hasta el final. A eso se suma que rara vez hemos tenido candidatos tan impopulares como en estas elecciones al Bundestag", explica el profesor Uwe Jun, del Instituto de Investigación sobre la Democracia y los Partidos de Tréveris. En el pasado fue diferente, como en el caso de Angela Merkel o el socialdemócrata Gerhard Schröder.